LA BIBLIA

LA BIBLIA

sábado, 21 de diciembre de 2013

DEVOCIONAL DIARIO


“Este mes os será principio de los meses; para vosotros será éste el primero en los meses del año”.
Exo_12:2

Los propósitos del nuevo año son buenos pero frágiles, esto es, se rompen fácilmente. Las oraciones de Año Nuevo son mejores; ascienden al trono de Dios y ponen en movimiento las ruedas de la respuesta. Cuando llegamos al comienzo de otro año, haremos bien en apropiarnos de las siguientes peticiones: 
Señor Jesús, este día me consagro a ti una vez más. Deseo que tomes mi vida este año que empieza y que la emplees para Tu Gloria. “Que mi vida entera esté consagrada a ti, Señor”. 
Te pido que me guardes del pecado, de cualquier cosa que deshonre Tu Nombre.
Hazme dócil por el Espíritu Santo. Quiero avanzar hacia ti. No permitas que quede atrapado en un bache a la mitad del camino.
Sea mi lema este año: “Es necesario que él crezca, y que yo mengüe”. Toda la gloria sea para Ti, y ayúdame a no tocarla.
Enséñame a hacer de cada decisión un asunto de oración. Me aterroriza la idea de apoyarme en mi propia prudencia. “Conozco, oh Jehová, que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos” (Jer_10:23).
Muera yo al mundo y aun a la aprobación o descrédito de los que amo o de mis amigos. Dame el deseo único y puro de hacer las cosas que agradan a Tu corazón.
Guárdame de murmurar y criticar a los demás. Más bien ayúdame a hablar lo que es edificante y provechoso. 
Guíame a las almas necesitadas. Sea yo amigo de los pecadores, así como Tú eres. Dame lágrimas de compasión por los que perecen. “Miraré a la multitud como mi Salvador la vio, hasta que mis ojos de lágrimas se llenen. Contemplaré a las ovejas errantes con dolor, y por amor a él, las amaré”. 
Señor Jesús no permitas que me vuelva frío, amargado o cínico a pesar de todo lo que pueda pasarme en la vida cristiana.
Guíame en la administración de mi dinero. Ayúdame a ser buen administrador de todo aquello que me has confiado.
Ayúdame a recordar momento a momento que mi cuerpo es templo del Espíritu Santo, y que esta tremenda verdad influya toda mi conducta.
Y, Señor Jesús, pido que éste sea el año de Tu retorno. Ansío ver Tu rostro y caer a Tus pies en adoración. Durante el año que empieza, que la esperanza bendita se mantenga fresca en mi corazón, librándome de todo lo que pudiera detenerme aquí, y guárdame en la cúspide de la esperanza. “¡Ven, Señor Jesús!

viernes, 20 de diciembre de 2013

EL AMOR DE DIOS




“Dios es amor”
(1Jn_4:8).
Con Su venida al mundo, Jesucristo añadió una nueva palabra al lenguaje griego: ágape, “amor”. éste ya contaba con un vocablo para amistad (philia) y otro para el amor apasionado (eros), pero faltaba una palabra que expresara la clase de amor que Dios mostró cuando nos dio a Su Único Hijo. éste es el amor que desea que nos mostremos los unos a los otros.
Ágape es otra clase de amor que nadie en el mundo conocía, un amor con nuevas dimensiones. El amor de Dios no tuvo principio y nunca tendrá fin. Es un amor sin límite que jamás podrá medirse. Es absolutamente puro y libre de toda mancha de sensualidad. Es sacrificado, nunca cuenta el costo y se manifiesta dando, pues leemos: “De tal manera amó Dios al mundo que dio...” y “Cristo de tal manera nos amó, que se ha dado a sí mismo por nosotros...” El amor busca incesantemente el bienestar de los demás. Busca a los desagradables y antipáticos como a los agradables y atractivos. Se dirige a amigos y enemigos. No se da porque encuentra a sus objetos dignos o virtuosos, sino sólo porque Aquél que lo concede es bondadoso. El amor es desinteresado, nunca espera nada a cambio y jamás explota a los demás en beneficio propio. No repara en los errores, las ofensas o improperios, mas los cubre con un velo bondadoso. El amor devuelve con benevolencia la descortesía, y ora por aquellos que serían sus asesinos. El amor siempre piensa en los demás, considerándoles mejores.
Pero el amor también es firme. Dios castiga a los que ama. El amor no puede soportar ni consentir el pecado, porque es dañino y destructivo, y el amor desea proteger a sus objetos de daño y destrucción. 
La manifestación más grande del amor de Dios fue habernos dado a Su Hijo Amado para que muriera por nosotros en la Cruz del Calvario.
¿Quién Tu amor, oh Dios, puede medir, 
Que aplastó por nosotros su Tesoro,
A él en quien tú te complacías,
A Cristo, el hijo de tu amor?
(Allaben)


martes, 3 de diciembre de 2013

LOS BENEFICIOS DEL SEÑOR

“Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios ...sana todas tus dolencias”
(Sal_103:2-3b).

Uno de los nombres compuestos de Dios en el Antiguo Testamento es Jehová-Rafa, que significa “Yo soy Jehová tu sanador” (Exo_15:26b). Nos sana de toda clase de enfermedades y finalmente nos librará para siempre de toda enfermedad.
Algunas veces nos sana por medio de los tremendos poderes de recuperación con los que ha dotado a nuestros cuerpos. ésta es la razón por la que los doctores dicen con frecuencia: “Casi todo va mejor por la mañana”. A veces nos sana por medio de la medicina y la cirugía. Dubois, el famoso médico francés, decía: “El cirujano venda la herida; Dios la sana”. Otras veces nos sana milagrosamente. Lo sabemos porque así lo afirman los Evangelios y por la experiencia personal.
Sin embargo, no es siempre la voluntad de Dios que sanemos. Si así fuera, algunos jamás envejecerían ni morirían. Pero tarde o temprano todos moriremos, hasta que el Señor venga. Dios no quitó la aflicción física de Pablo pero le dio gracia para soportarla (2Co_12:7-10).
En un sentido general, todas las enfermedades son resultado del pecado. En otras palabras, si nunca se hubiera cometido ningún pecado, no habría ninguna enfermedad. En ocasiones la enfermedad es resultado directo del pecado en la vida de una persona. Por ejemplo, el alcoholismo en ocasiones provoca enfermedades en el hígado, fumar a veces produce cáncer, la inmoralidad sexual a menudo causa enfermedades venéreas y la preocupación hace que salgan úlceras. Pero no todas las enfermedades son resultado directo del pecado. Satanás le provocó a Job serias enfermedades (Job_2:7) y no obstante, Job era el hombre más justo de la tierra (Job_1:8; Job_2:3). Hizo que una mujer desconocida fuera afligida con encorvamiento de la columna vertebral por muchos años (Luc_13:11-17), e hizo surgir un aguijón en la carne de Pablo (2Co_12:7). En Jua_9:2-3, el pecado pudo no haber sido la causa de que aquel hombre naciera ciego. Epafrodito estaba gravemente enfermo pero no a causa del pecado, sino a causa de su servicio incansable para el Señor (Flp_2:30). Gayo estaba espiritualmente sano pero físicamente indispuesto (3Jn_1:2).
Por último, el hecho de no ser sanado no indica necesariamente falta de fe. Solamente cuando Dios nos ha dado una promesa específica de que nos sanará, puede la fe reclamar esa sanidad. De otra manera, debemos encomendarnos a nuestro Señor vivo y amante y orar que se haga Su voluntad.





miércoles, 27 de noviembre de 2013

LA GRACIA DE DIOS



“...por la gracia de Dios soy lo que soy”
(1Co_15:10).
Una de las agonías de la vida que nos infligimos a nosotros mismos es tratar de ser alguien que nadie tuvo la intención de que fuéramos. Cada uno es una creación única de Dios. Como alguien a dicho: “Cuando él nos hizo, en seguida rompió el molde”. Nunca deseó que nosotros tratáramos de cambiarla.
Maxwell Maltz escribió: “Tú como personalidad no estás en competencia con ninguna otra persona, por la sencilla razón de que no hay otra como tú en toda la faz de la tierra. Eres un individuo. Eres único. No eres como ninguna otra persona y jamás podrás ser ninguna otra persona. No se supone que debas ser como ninguna otra persona y no “se supone” que nadie deba ser como tú”.
 “Dios no creó a una persona modelo y la etiquetó diciendo: así deben ser todos. Hizo a cada ser humano individual y único así como hizo cada copo de nieve individual y único.
Cada uno de nosotros es el producto de la sabiduría y amor de Dios. Al hacernos como somos, sabía exactamente lo que hacía. Nuestra apariencia, inteligencia y talentos representan lo mejor de él para nosotros. Cualquiera que tuviera conocimiento y amor infinitos habría hecho lo mismo.
Ahora bien, desear ser diferentes a como somos es un insulto a Dios. Sugiere que él ha cometido un error o que nos ha negado algo que habría sido para nuestro bien.
Desear ser distinto es inútil. Dios nos ha hecho y nos ha dado todo lo que tenemos con un objetivo. No hay duda de que podemos imitar las virtudes de otras personas, pues Dios así nos manda, que seamos imitadores, pero aquí estamos hablando de lo que somos físicamente y en talentos como creación de Dios.
Si estamos insatisfechos con el proyecto de Dios para nuestra vida, nos paralizaremos con sentimientos de inferioridad. Pero ésta no es una cuestión de inferioridad. No somos inferiores, únicamente individuales y únicos.
Todo intento de ser lo que no somos está condenado al fracaso. Es tan inconcebible como si un dedo de nuestra mano tratara de hacer la labor del corazón. ése no fue el designio de Dios y simplemente no funcionará.
La actitud adecuada está en decir con Pablo: “Por la gracia de Dios soy lo que soy” (1Co_15:10). Debemos regocijarnos porque somos un diseño especial de Dios y determinar utilizar lo que somos y tenemos al máximo para Su gloria. Hay muchas cosas que no podremos hacer, pero hay otras que podemos hacer y que otros no.





sábado, 5 de octubre de 2013

¿ QUE DICE LA BIBLIA SOBRE LAS MURMURACIONES ?

“Hermanos, no murmuréis los unos de los otros”
(Stg_4:11).
Aquí se nos presenta una práctica, condenada en toda la Escritura, la práctica de chismear, murmurar, criticar a los demás y hablar con palabras corrompidas. Todo esto y cualquier otro mal uso de la boca que se asemeja a ello está condenado.
Chismear significa revelar información o rumores acerca de otra persona con la idea de desprestigiarle. En otras palabras, la información que se da y la forma de darla es ruin y cruel. Por regla general esto va acompañado de secreto o confidencialidad; la persona que propaga el chisme no desea que revelen su nombre.
Dos mujeres de Brooklyn hablaban en cierta ocasión. Una de ellas decía: “Eloísa me dijo que tú le dijiste lo que dije de ella, y yo te dije que no se lo dijeras”. La otra replicó: “Qué indiscreta, le dije a Eloísa que no te dijera lo que le dije”. A lo que la primera respondió: “Bueno, le dije a Eloísa que no te diría lo que me dijo, así que no le digas que te lo dije”.
Son muy pocas las personas en el mundo que nunca dicen algo negativo de otra persona. Conozco a algunas de ellas y las admiro más allá de toda descripción. Uno me dijo en cierta ocasión que si no podía decir algo bueno de alguien, no decía nada. Otro señalaba que trataba siempre de ver algo en otros creyentes que le recordara al Señor Jesús. Una tercera persona comenzó a decirme algo negativo de un tercero, entonces se interrumpió a sí mismo a la mitad de la frase y dijo: “No, no sería edificante”. (Me he estado muriendo de curiosidad desde entonces).
Pablo había oído que había contiendas entre los corintios. Al confrontarlos con el hecho, el apóstol decía que le había sido informado por la familia de Cloé (1Co_1:11). Ciertamente la familia de Cloé no estaba chismeando. Estaban dando parte de la información pertinente para que el problema pudiera resolverse.
El apóstol escribió también algunas palabras fuertes contra Himeneo, Alejandro y Fileto (1Ti_1:20; 2Ti_2:17), porque estaban perjudicando la causa de Cristo. También puso en sobre aviso a Timoteo acerca de Figelo, Hermógenes y Demas (2Ti_1:15; 2Ti_4:10), hombres que al parecer se volvieron atrás después de poner su mano en el arado. Pero aquí no había chisme. Era información importante para aquellos creyentes que estaban unidos en la lucha.
Había un conocido predicador quien, cuando alguien se le acercaba con un bocado jugoso de chisme, sacaba un cuaderno negro y le pedía al chismoso que lo escribiera y lo firmara para hacer llegar la información a la persona involucrada. Se dice que abrió el cuaderno cientos de veces, pero que nadie jamás hizo un apunte.


viernes, 27 de septiembre de 2013

EL ÚNICO CAMINO AL CIELO



Pregunta: "¿Es Jesús el único camino al Cielo?"

Respuesta: A menudo escuchamos estas respuestas de la gente: “Básicamente soy una buena persona, tanto que iré al cielo.” “Bueno, hago algunas cosas malas, pero hago más cosas buenas, así que iré al cielo.” “Dios no va a enviarme al infierno solamente porque no vivo pegado a la Biblia. ¡Los tiempos han cambiado!” “Solamente la gente verdaderamente mala, como los que abusan sexualmente de niños, y los asesinos van al infierno.”

Todos estos son conceptos comunes entre la mayoría de la gente, pero la verdad es que todos estos son mentiras. Satanás, el gobernador del mundo, fabrica estos pensamientos en nuestras cabezas. Él, y cualquiera que sigue sus caminos, es un enemigo de Dios (1 Pedro 5:8). Satanás siempre se disfraza de bueno (2 Corintios 11:14), pero él tiene control sobre todas las mentes que no pertenecen a Dios. “Satanás, el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Corintios 4:4).

Es una mentira creer que Dios no tiene cuidado de los pecados pequeños, y que el infierno está reservado sólo para la “gente mala.” Todo pecado nos aparta de Dios, aún una “pequeña mentirita blanquita.” Todos hemos pecado, y ninguno es lo suficientemente bueno como para ir al cielo por sí mismo (Romanos 3:23). Entrar al cielo no se basa en que lo bueno pesa sobre lo malo; todos vamos a perder si ese es el caso. “Y si son salvos por el favor de Dios, entonces no es por sus buenas obras. En ese caso, el maravilloso favor de Dios no sería lo que es en realidad – gratuito e inmerecido” (Romanos 11:6). No podemos hacer nada bueno para ganar nuestro camino al cielo (Tito 3:5).

“Entrad al reino de Dios por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella” (Mateo 7:13). Aún si cada uno vive una vida de pecado, y confiar en Dios no es popular, Dios no va a disculparlo. “Solía vivir justamente como el resto del mundo, lleno de pecado, obedeciendo a Satanás, el príncipe de la potestad del aire. El es el espíritu que ahora obra en los corazones de aquellos que rehúsan obedecer a Dios” (Efesios 2:2).

Cuando Dios creó el mundo, era perfecto. Todo era bueno. Entonces creó a Adán y Eva, y les dio libre albedrío, de manera que pudieran escoger seguir y obedecer a Dios o no. Pero Adán y Eva, los primeros seres que Dios creó, fueron tentados por Satanás para desobedecer a Dios, y pecaron. Esto los separó (y a todo el que vino después de ellos, incluyéndonos a nosotros) de estar en capacidad de tener una relación cercana con Dios. Él es perfecto y no puede estar entre el pecado. Como pecadores, no podríamos hacerlo por nosotros mismos. De manera que, Dios hizo un camino para que pudiéramos estar unidos con Él en el cielo. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23). Jesús nació para enseñarnos el camino, para morir por nuestros pecados, y de esta manera poder ser liberados. Tres días después de Su muerte, Jesús se levantó de la tumba (Romanos 4:25), probando Su victoria sobre la muerte. Él llenó el vacío entre Dios y el hombre, a fin de que podamos tener una relación personal con Él si solamente creemos.

“Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo a quien has enviado” (Juan 17:3). La mayoría de la gente cree en Dios, aún Satanás cree. Pero para recibir la salvación, debemos volvernos a Dios, formar una relación personal, apartarnos de nuestros pecados y seguirle. Debemos confiar en Jesús con todo lo que tenemos y todo lo que hacemos. “Se ha manifestado la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para que quite nuestros pecados. Y todos podemos ser salvos de esta manera, sin importar quienes somos o qué hayamos hecho” (Romanos 3:22). La Biblia enseña que no hay otro camino para la salvación sino a través de Cristo. En Juan 14:6 Jesús dice, “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.”

Jesús es el único camino de salvación porque es el único que puede pagar nuestra penalidad por el pecado (Romanos 6:23). Ninguna otra religión enseña la gravedad o seriedad del pecado y sus consecuencias. Ninguna otra religión ofrece el pago infinito del pecado que solamente Jesucristo puede proveer. Ningún otro “fundador religioso” fue Dios que se hizo hombre (Juan 1:1,14) – la única manera en que una deuda infinita pudo ser pagada. Jesús tenía que ser Dios, a fin de que pudiera pagar nuestra deuda. Jesús tenía que ser hombre para que pudiera morir. ¡La salvación está disponible solamente a través de la fe en Jesucristo! “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).


ACEPTALO HOY COMO TU SALVADOR PERSONAL


martes, 17 de septiembre de 2013

LA VENIDA DE CRISTO




I.   Definiciones

Las profecías no cumplidas de las Escrituras pertenecen a aquel ramo de la dogmática que se llama la escatología, o sea: las enseñanzas sobre «las últimas cosas». La segunda venida de Cristo en persona es doctrina fundamental, ya que Él mismo dijo con toda claridad: «Vendré otra vez, os tomaré a mí mismo», mientras que los ánge-es, mensajeros celestiales del Señor, anunciaron a los apóstoles: «Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo» (Hch_1:11 ). Frente a tales versículos, a los que se han de añadir las clarísi­mas enseñanzas de Pablo en  (1Ts_4:13-18), no comprendemos cómo puede haber creyentes que quisieran espiritualizar esta gran verdad, procurando hacer ver que la promesa de la venida se cumple en la muerte del creyente.
Al mismo tiempo, existe una diferencia obvia entre los hechos ya consumados de la redención y aquellos que se anuncian para un tiempo futu­ro. La profecía no se nos da para satisfacer una curiosidad vulgar ni admite, en sus detalles, un dogmatismo inflexible. Las claras profecías del Antiguo Testamento sobre la muerte del Mesías se cumplieron literalmente, pero no fueron enten­didas por los apóstoles antes de la resurrección, a pesar de que el Señor mismo las había subrayado con repetidas enseñanzas sobre la necesidad de Su muerte. De igual modo, tiene que haber mu­cho que queda en la penumbra en cuanto a los acontecimientos que han de tener lugar en el fu­turo, y haremos bien en atenernos al doble pro­pósito fundamental de la profecía: 
1) el de orien­tar al creyente en medio de un mundo que va de mal en peor, y 
2) el de animarle a velar y orar. La profecía no es precisamente un foco eléctrico para poner en evidencia todo cuanto ha de su­ceder en el porvenir (lo que nos haría más daño que bien), sino «un candil que alumbra en lugar oscuro» (2Pe_1:19), traducción literal), de utili­dad para que no tropecemos y para que ponga­mos la mira en la gran consumación que se es­pera.
Ha habido, y todavía existen, muchas escuelas de interpretación de la profecía, aun tratándose de amados hermanos que no desean otra cosa sino exponer la verdad según la han comprendi­do tras laboriosos y sinceros estudios de la Pala­bra. Este hecho debe salvarnos de un excesivo dogmatismo, y nunca debiéramos considerar a un hermano como hereje por su modo de enten­der los escritos proféticos, si es que admite plena­mente la verdad bíblica sobre la persona y la obra de Cristo. Adelantamos, pues, el esquema si­guiente en un espíritu humilde, creyendo que es el que mejor se amolda a toda la verdad bíblica, pero sin dogmatismos y sin la pretensión de que sea la única manera de entender los escritos pro­féticos.
Como el tratamiento detallado de la profecía sin cumplir no cae de lleno dentro del marco de este curso, hemos de abreviar muchísimo el bos­quejo de este complicadísimo tema.

II.   Las indicaciones de! Antiguo Testamento

Todos los escritos profetices anuncian una épo­ca de gloria para Israel, tras un largo período de disciplina por sus pecados, con la inauguración del Reino milenial, que se asocia con la manifes­tación del Mesías, o, lo que es lo mismo, a la luz del Nuevo Testamento, de Dios mismo (Isa_2:1-4) (Isa_2:10); (Isa_11:1-11); (Isa_40:9-11), etc.). Daniel, estadista de un imperio gentil además de israelita piadoso, inter­preta la visión de la gran imagen que señala a grandes rasgos la sucesión de los imperios genti­les desde la toma de Jerusalén por Nabucodonosor hasta la segunda venida de Cristo (Dan_2:29-35) (Dan_2:36-45). Más tarde recibe la notable profecía sobre su pueblo Israel de las «setenta semanas» de años, cuyo período comprende desde el edicto de res­taurar Jerusalén hasta la muerte del Mesías (69 semanas), quedando una semana por cumplir, después del paréntesis de la Iglesia, y que es de asolamientos en cuanto a Israel. Esta semana se relaciona con la «consumación decretada» de los propósitos de Dios en orden al mundo e Israel (Dan_9:24-27)).



III.   Las profecías del Señor Jesucristo

Cristo habla de Su venida y de la consumación desde dos puntos de vista:
A. En el monte de los Olivos pronuncia Su sermón profético, que recoge las profecías del An­tiguo Testamento (con referencia especial a las de Daniel) y manifiesta que Él mismo ha de volver en gloria después de la destrucción de Jerusalén y tras un largo período de apostasía, de guerras y rumores de guerras, de cataclismos terrestres, y, por último, de señales astronómicas. Todo parece llegar a una crisis final de tribulación que no es arriesgado identificar con la última semana de Daniel. «Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria» (Mat_24:1-14) (Mat_24:15-28) (Mat_24:29-38) (Mat_24:39-51); (Mar_13:1-12) (Mar_13:13-27) (Mar_13:28-37); (Luc_21:7-18) (Luc_21:19-28) (Luc_21:29-36); (2Ts_1:9-10); (Apo_1:7).
B. En el cenáculo consuela a los suyos con la promesa de Su venida personal: «Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis...» (Jua_14:1-3)). Aquí el Señor está preparando la mente y el corazón de los suyos para su vida y su testimonio una vez que el Maes­tro haya salido de entre ellos, de modo que repre­sentan en esta ocasión a la Iglesia, a la que se da la precisa promesa del «recogimiento» al Señor para estar siempre con él.

IV.   Las indicaciones de las Epístolas

Hay un número considerable de referencias a la venida del Señor en las epístolas, casi todas ellas subrayando el aspecto más importante de la promesa: el efecto moral que ha de tener en la vida del creyente: «Todo aquel que tiene esta es­peranza en El, se purifica a sí mismo, así como Él es puro» (1Jn_3:3)). Por lo que afecta al «plan profético», hemos de acudir a (1Co_15:51-57)  con  (1Ts_4:13-18) a  (1Ts_5:1-11) y (2Ts_1:7-12), donde hallamos los dos aspectos de la venida que ya vimos en las enseñanzas del mismo Señor: 
1) La promesa del «recogimiento» de la Iglesia, en el que los que «duermen» prece­derán a los que son «cambiados» para ir juntos al encuentro del Señor en el aire, y 
2) la venida en gloria para el juicio del mundo impío, que no po­drá realizarse antes de la manifestación del anti­cristo (Apo_1:7);  (1Ts_5:1-4) con (2Ts_2:1-4)): atroz remedo del Cristo de Dios, cuya aparición será la culminación del «misterio de la iniquidad».

V.   El Apocalipsis

Los tres primeros capítulos son de introduc­ción, y las cartas a las siete iglesias indican las variadas condiciones del testimonio de ¡a Iglesia hasta la venida de Cristo. Los capítulos  (Apo_4:1-11)y  (Apo_5:1-14) pre­sentan simbólicamente la sublime escena refe­rente al «Cordero de Dios» (es decir, Cristo en la virtud de la consumación de la obra de expia­ción) cuando toma el «libro» de los destinos últi­mos de las naciones y rompe el primer sello. Des­de el capítulo 6 en adelante el rompimiento de los sellos, el sonido de las trompetas y el verter de los vasos reiteran los acontecimientos del tiem­po de la consumación, o sea, la última semana de Daniel. Unos paréntesis detallan más el levanta­miento y el curso del infame reinado del anti­cristo.
Como en el sermón profético y en 2ª Tesalonicenses, este período de angustia termina con la aparición en gloria de Cristo para la derrota de las naciones enemigas en la batalla de Armagedón. El período de los «mil años» corresponde ai reino de paz y de bendición que tantas veces se detalla en las profecías del Antiguo Testamento. Este «milenio» ha de entenderse de tres maneras: 
1) Como el cumplimiento de las muchas prome­sas a Israel por las que había de ser el centro de un reino universal de paz y de bendición en la tierra, 
2) como la última prueba de la raza huma­na, puesto que, habiendo vivido bajo óptimas con­diciones de gobierno y de prosperidad por mil años, con todo, cuando Satanás sea soltado para tentarles de nuevo, volverá a rebelarse una gran parte de los hombres, y 
3) como una figura y an­ticipo de la nueva creación en el estado eterno, que explica el porqué muchas profecías del Antiguo Testamento describen este Reino como eterna­mente establecido, pues la visión profética pasa a la nueva tierra y los cielos nuevos, que habrán de reemplazar la antigua creación, tan profunda­mente manchada por el pecado. Este «nuevo or­den» divino será la consumación de todos los propósitos de Dios en relación con la creación y con los hombres, y en él los redimidos alcanzarán aquella perfección espiritual, moral e intelectual que Cristo les procuró con Su muerte y resurrec­ción. Dios morará en medio de los hombres, y al centro de la nueva creación se hallará la Iglesia glorificada que se simboliza por la «ciudad que Juan vio descender del Cielo» (Ap. 19 a 21).

VI.   El momento de la venida

Hemos visto que se destacan claramente dos aspectos de la venida: el que se relaciona con la Iglesia, cuerpo y esposa de Cristo, y el que tiene que ver con Israel y con el mundo. Es lógico su­poner que el «paréntesis» de la Iglesia se cierra con el recogimiento de la Iglesia según la descripción de 1ªTesalonicenses 4 (1Ts_4:1-9) (1Ts_4:10-18) y (1Co_15:1-15) (1Co_15:16-30) (1Co_15:31-45) (1Co_15:46-58), cuando la luz profética vuelve a enfocarse en Is­rael, ya restaurado a su tierra en incredulidad. En tal caso, la última semana de Daniel se ocupa de la tribulación de los judíos, la manifestación del anticristo (el remedo de Cristo que el diablo pre­senta al mundo del renovado imperio romano) para ocupar el trono, y el surgir de la ciudad de «Babilonia», que es el sistema de falsa religión que sustituye a la Iglesia en el sistema diabólico. Esta breve semana abarca tanto la manifestación del imperio y de su impío rey con la última for­ma de «Babilonia», como también la destrucción de todos estos elementos satánicos por la mani­festación en gloria del Señor de señores.
Hay muchos estudiantes de la profecía que creen que la Iglesia habrá de pasar por este pe­ríodo, y que la venida para recoger a los santos y para juzgar ai mundo coinciden. No combatimos dogmáticamente esta interpretación, pero cree­mos que la esperanza inmediata de la venida de Cristo a por los suyos, con anterioridad a los acon­tecimientos de la última semana, se ajusta mejor a la totalidad de la enseñanza bíblica.

VII   El tribunal de Cristo

Los creyentes no tendrán que comparecer ante el augusto gran trono blanco que se describe en Apo_20:11-15 , pues es el lugar de juicio de aquellos que mueren en su pecado por no haber aceptado a Cristo como su Salvador (Jua_8:24), mientras que «ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús» (Rom_8:1)). Sin embar­go, este hecho no excusa a los cristianos de tener que rendir cuentas a su Maestro en cuanto a su fidelidad en el curso de su vida de servicio aquí, pues todos nosotros somos mayordomos y admi­nistradores de todo cuanto hayamos recibido del Señor.
Este principio se destaca en muchos lugares de las Escrituras, pero se detalla especialmente en  (2Co_5:9-10);  (Rom_14:7-12); (1Co_3:10-15); (1Co_4:1-5). Cuando Pablo habla del «día de Cristo», o de «Jesucristo», tiene delante este momento de manifestación que determinará la posición, el servicio y la recompensa de los redi­midos para toda la eternidad  (Fil_1:6); (Fil_2:15-16), etc.). Se ha de distinguir el «día del Señor», que es la frase novotestamentaria equivalente al «día de Jehová» del Antiguo Testamento y que se rela­ciona con el juicio del mundo y el establecimien­to del Reino.
Si el programa que hemos adelantado es co­rrecto, el tribunal de Cristo se celebrará entre el recogimiento de la Iglesia y la venida en gloria: el período que se denomina la parousía, o sea, la «presencia» del Señor con los suyos. Durante el mismo período tendrán lugar las bodas del Corde­ro, cuando la Iglesia, bajo la figura de esposa, será presentada a Cristo y unida a Él para toda la eternidad. Vemos por Apo_19:7-9 , que este fausto acontecimiento precede la venida en gloría (Apo_19:11-19 ).

VIII.   Las señales de la venida de Cristo

Muchos creyentes se parecen a los discípulos que preguntaron: «Dinos, ¿cuándo será esto? ¿y qué señal habrá de tu venida y del fin del siglo?» (Mat_24:7); (Mar_13:4); (Luc_21:7)). Hemos de tener presente el peligro que antes señalamos: la curiosidad malsana en este asunto: El señor no repren­dió a Sus discípulos, pero las «señales» del ser­món profético consisten principalmente en las ca­racterísticas generales del período de Su ausen­cia de ellos, y queda terminantemente prohibido procurar fijar «el día y la hora» que el Padre re­serva a su solo conocimiento (Mat_24:36); (Hch_1:7)). Podemos creer que nos acercamos al fin de esta dispensación por las siguientes razones: 
1) El au­mento de la frecuencia, la extensión y el poder destructor de las guerras, que amenazan aniqui­lar la civilización actual. 
2) La extensión univer­sal de la predicación del Evangelio. 
3) El retorno de los judíos en incredulidad a su tierra con la adquisición de su nacionalidad: una posición que no ha sido la suya desde el tiempo de los Macabeos. Sin duda, la preservación de la raza de Is­rael para este fin a través de los siglos y a pesar de determinados esfuerzos para exterminarla es un asombroso milagro histórico. La «higuera» que antes no llevó fruto brota otra vez, pues el cielo y la tierra pasarán, mas las palabras del Se­ñor no pasarán. Sin duda, Israel llegará a pose­sionarse de Jerusalén y de toda Palestina, y será el centro de los acontecimientos tanto durante la última semana de Daniel (para su dolor) como durante el milenio (para su gloria y bien). 
4) La tendencia a la federación europea, que puede ser el preludio de la formación del renovado «Impe­rio romano»... «¡Velad, pues, porque no sabéis en qué día ha de venir vuestro Señor!» (Mat_24:42).

IX.   El orden probable de los acontecimientos

A.   El retorno de los judíos a Palestina, que se está realizando en nuestros días, les dará por fin la posesión de toda Palestina y Jerusalén, lo que pondrá fin a «los tiempos de los gentiles».
B. En cualquier momento antes o después de la consumación de este proceso el Señor podrá venir en el aire para recoger a los suyos de la tie­rra, completando así Su Iglesia.
C. Se inaugurará la última semana de Daniel, durante la cual el Imperio de Roma federado sur­girá y se pondrá bajo el poder del anticristo. Este se aclamará como el salvador de los hombres en la gran crisis mundial que atravesamos, y por fin se hará adorar como dios. Los asuntos religiosos serán dirigidos por el falso profeta, quien guiará los asuntos de «Babilonia», el remedio diabólico de la Jerusalén celestial. Al principio, la «bestia» favorecerá a la nación de Israel y hará un pacto con ella, pero, a la mitad del período, romperá su pacto e iniciará una gran persecución que será el «tiempo del dolor de Judá», o sea, la «gran tribu­lación». Habrá fieles que confiesen a Jesús (qui­zás íntimamente ligados con el «resto fiel» de Israel) y muchos padecerán martirio. Desde el Tro­no, Dios visitará el mundo rebelde e impío con grandes y graves desastres que quedan simboli­zados por los sellos, trompetas y vasos del Apoca­lipsis.
D. En el cielo, el Señor se manifestará a los suyos en la parousia y se celebrarán el tribunal del Cristo y las bodas del Cordero.
E. El Señor aparecerá al mundo a la cabeza de los suyos y de las huestes celestiales. Las na­ciones estarán congregadas alrededor de Jerusa­lén en un esfuerzo último de dominar a Israel (Zac_14:3-4)), pero tendrán que vérselas con el Señor en la batalla de Armagedón, siendo derro­tadas y aniquiladas por la gloria del Cordero.
F. La bestia y el falso profeta serán lanzados directamente al lago de fuego, mientras que Sata­nás será preso en el abismo durante el milenio.
G. Cristo reinará sobre la tierra, asociando consigo en el gobierno a los fieles que perecieron en la gran tribulación (Jer_30:7); (Dan_12:1); (Mat_24:21); (Apo_7:14)). Se cumplirán las múltiples pro­fecías de los libros proféticos, pues castigados los rebeldes de Israel, y conservado milagrosamente el «resto fiel» de esta nación, toda ella se conver­tirá al Señor, y Palestina será el glorioso centro del Reino terrenal.
Es de suponer que la Iglesia, entidad siempre espiritual, gobernará en los «lugares celestiales».
H. Al final del milenio, Satanás será soltado para la última prueba de los hombres, y levanta­rá a Gog y Magog tras sí. Su derrota será rápida, y, echado el diablo en el lago de fuego (Apo_21:10 ), se limpiará todo el universo de todos los elementos perversos en el gran trono blanco, y sólo los redimi­dos pasarán a habitar el cielo nuevo y la tierra nue­va (es decir, el universo reconstruido según princi­pios nuevos por la mano creadora de Dios para ser la morada apta de los justos (2Pe_3:4-13)).
I. La Iglesia glorificada será el centro de la manifestación de la luz divina en el nuevo uni­verso (Efe_2:7 ; Apo_21:9 ; 22:5 (Apo_22:5)).

X.   El destino humano

Se puede decir que el tema del destino humano es el que nos toca más de cerca en la escatología.
¿Qué hemos de ser nosotros? ¿Qué hará Dios con el hombre? El futuro se enlaza con el pasado, y hemos de tener en cuenta que el propósito origi­nal de Dios al crear al hombre era «a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza, y enseño­ree...» (Gn. 1:26 (Gen_1:26)). Sólo el hombre, entre todas las criaturas aquí abajo, pudo tener comunión con Dios, por tener personalidad, cualidades morales y libre albedrío. Pareció que todo el plan de Dios quedaba frustrado cuando el hombre, cabeza de la creación, se valió de su libre albedrío para re­belarse contra su Creador, pero el consejo de la trinidad no puede quedar sin efecto por la inter­vención del diablo y la caída del hombre.
Por el glorioso misterio de la encarnación vino al mundo un hombre celestial en quien Dios pudo deleitarse, y quien pudo, como «Hijo del Hombre», cumplir los altos destinos de la huma­nidad (Sal_8:1-9) con Heb_2:6-9; véase capítulo 6). Al llevar en Su persona la responsabilidad legal y moral del hombre ante Dios en la obra de la ex­piación, el Dios-Hombre hizo posible que el peca­dor fuese reconciliado con Dios por medio del arrepentimiento y de la fe, y que, «recreado» en Cristo, fuese «renovado conforme a la imagen del que lo creó» (Col_3:10)).
Así que el pensamiento primordial de Dios para con el hombre se realiza en todo aquel que se une a Cristo por la fe: «Porque a los que antes conoció, también predestinó para que fuesen he­chos conformes a la imagen de su Hijo» (Rom_8:29). La resurrección de los creyentes en la veni­da del Señor nos dará el «cuerpo espiritual», de nueva constitución, que será el vehículo perfecto del espíritu redimido y recreado en Cristo: «Y así como hemos traído la imagen del terrenal [Adán] traeremos también la imagen del celestial [Cristo]»  (1Co_15:42-54); (Rom_8:30); Flp_3:20-21 ; (Col_3:4); 1Jn_3:2).
Muchas descripciones del cielo insinúan ideas erróneas o, por lo menos, inadecuadas en cuanto a la vida del hombre en el estado eterno, pues no se hace distinción entre las figuras que represen­tan la Iglesia glorificada y la gran realidad espiri­tual que nos espera. Hemos de tener en cuenta que la personalidad del hombre llegará a su per­fección a la semejanza del Hombre perfecto, sin mengua de su carácter distintivo. Disfrutará de una perfecta visión de Dios en Cristo, mientras que el nombre de Dios estará en su frente, o sea, la voluntad de Dios gobernará la vida en su tota­lidad.
No será una vida pasiva, ocupada solamente en alabanzas vocales, sino que «sus siervos le servi­rán» (Apo_22:3-4). Todavía habrá servicio que cumplir, pero sin cansancio y sin limitaciones, dentro de la voluntad de Dios y la condición del hombre glorificado. El servicio encomendado a cada cual dependerá de la fidelidad con que ad­ministramos «lo poco» que hemos recibido en esta vida (Mat_25:21); Luc_19:16-17 , etc.). Si tan hermoso es el mundo en parte y tan sublimes mo­mentos tiene la vida humana aquí, a pesar de los estragos que resultan del pecado, ¿qué no será la vida de los redimidos allí en perfecta unión con Cristo en la nueva creación? «Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman» (1Co_2:9)).
Hemos hablado del glorioso destino de los redi­midos, pero inevitablemente existirá la terrible contrapartida en cuanto a los rebeldes: «El que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lan­zado al lago de fuego» (Apo_20:15 ). Cuando Dios ofreció la vida a un mundo que había “muerto” por causa de su pecado, la ofreció en el Hijo. El que rechaza la vida eterna en Cristo queda sin vida, o sea, el estado de muerte espiritual y de separación de Dios se prolonga eternamente. La severidad de la sentencia de cada uno será “según sus obras”, con referencia especial a las oportunidades que el pecador haya rechazado.

viernes, 30 de agosto de 2013

LA VERDAD DEL EVANGELIO

"¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están?" (Luc_17:17).

El Señor Jesús sanó a diez leprosos pero sólo volvió uno a darle las gracias, y ése era un samaritano menospreciado.

Una de las experiencias más valiosas que podemos tener en la vida es la de encontrar ingratitud, porque entonces podemos tener parte, aunque sea en un grado minúsculo, en las aflicciones de Dios. Cuando damos generosamente y no se nos reconoce, podemos valorar más profundamente a Aquél que dio a Su Amado Hijo por un mundo ingrato. Cuando derramamos nuestra propia vida en un servicio incansable por los demás, nos unimos a Aquél que tomó el lugar de esclavo por una raza de ingratos.

La ingratitud es uno de los rasgos más desagradables del hombre caído. Pablo nos recuerda que cuando el mundo pagano conoció a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias (Rom_1:21). Un misionero en Brasil se encontró con dos tribus que no tenían palabras para decir: "Gracias". Si un hombre era bondadoso con ellos, le decían: "Eso es lo que quería" o "Eso me será útil". Otro misionero que trabajaba en el norte de África, encontró que aquellos a quienes ministraba nunca expresaban gratitud porque le estaban dando la oportunidad de ganar méritos con Dios. Era el misionero quien debía estar agradecido, pensaban, porque estaba obteniendo favores a través de la bondad que les mostraba.

La ingratitud impregna toda nuestra sociedad. Un programa de radio llamado "Centro de Trabajo del Aire" consiguió encontrar trabajos para 2.500 personas. El presentador informó más tarde que solamente diez de ellos se tomaron la molestia de agradecerlo.

Una dedicada maestra de escuela había dado su vida enseñando a cincuenta grupos de estudiantes. Cuando tenía ochenta años, recibió una carta de uno de sus antiguos alumnos en la que le decía cuánto apreciaba su ayuda. Había enseñado cincuenta años y ésta era la única carta de aprecio que había recibido.
Decimos que es bueno experimentar la ingratitud porque ésta nos proporciona un pálido reflejo de lo que el Señor experimenta continuamente. Otra razón de porqué ésta es una experiencia valiosa es que nos enseña la importancia de ser agradecidos. Con mucha frecuencia nuestras peticiones a Dios pesan más que nuestras acciones de gracias. Damos muy por sentado Sus bendiciones, y demasiado a menudo fallamos en expresar nuestro aprecio unos a otros por la hospitalidad, instrucción, transporte, provisión e innumerables actos de bondad. En realidad esperamos estos favores casi como si los mereciéramos.
El estudio de los diez leprosos debe ser un constante recuerdo para nosotros, que mientras muchos tienen grandes razones para dar gracias, muy pocos tienen el corazón para reconocerlas. ¿Estaremos entre los pocos?



 


 

 


 

 

domingo, 18 de agosto de 2013

GRACIAS A DIOS

"Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo"
(1Co_15:57).

Ninguna mente creada podrá comprender jamás la magnitud de la victoria que el Señor Jesús obtuvo en la Cruz del Calvario. Venció al mundo (Jua_16:33). Juzgó a Satanás, el príncipe de este mundo (Jua_16:11). Triunfó sobre principados y potestades (Col_2:15) y también conquistó a la muerte que ahora es sorbida en victoria (1Co_15:54-55, 1Co_15:57).

Su victoria es nuestra. Así como la victoria de David sobre Goliat trajo liberación a todo Israel, del mismo modo el triunfo glorioso de Cristo se comunica a todos los que le pertenecen. Por lo tanto, podemos cantar con Horacio Bonar:

¡Es nuestra la victoria!
Por nosotros con poder el Poderoso surgió;
Por nosotros la batalla peleó, y el triunfo ganó;
Es nuestra la victoria.


Somos más que vencedores por medio de Aquél que nos amó porque "la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro" (Rom_8:37-39).
Guy King contaba de un muchacho que estaba en la estación de ferrocarril cuando se detuvo el tren que traía de vuelta al equipo local de fútbol después de un partido importante. El muchacho se acercó corriendo a la primera persona que bajó del tren y le preguntó casi sin aliento: "¿Quién ganó?" Entonces echó a correr por la plataforma de la estación, gritando extasiado: "¡Ganamos, ganamos!" Mientras el Sr. King miraba, pensó para sí mismo: "¿En realidad, qué hizo él para ganar la victoria? ¿Qué tuvo él que ver con el partido en el campo de fútbol?" La respuesta, naturalmente es "Nada en absoluto". Pero por pertenecer a la misma ciudad, se identificaba con el equipo de la ciudad y reclamaba la victoria como suya.
Oí una vez de un francés que pasó de una posición de derrota a la victoria por cambiar de ciudadanía. Esto ocurrió cuando Wellington, el llamado Duque de Hierro de Inglaterra, ganó su ilustre victoria sobre Napoleón en Waterloo. Al comienzo el francés estaba ligado a la derrota, pero el día que se convirtió en ciudadano británico, pudo reclamar la victoria de Wellington como suya.

Por nacimiento todos somos súbditos del reino de Satanás y por lo tanto estamos del lado de los perdedores. Pero en el momento en que escogemos a Cristo como Señor y Salvador, pasamos de la derrota a la victoria.


 




domingo, 28 de julio de 2013

¿Puede un cristiano perder la salvación?


Pregunta: "¿Puede un cristiano perder la salvación?"

Respuesta:
Antes de que esta pregunta sea respondida, debe ser definido el término “cristiano.” Un “cristiano” no es una persona que haya dicho una oración, o pasado al frente, o que haya crecido en una familia cristiana. Mientras que cada una de estas cosas pueden ser parte de la experiencia cristiana, no son éstas las que “hacen” a un cristiano. Un cristiano es una persona que ha recibido por fe a Jesucristo y ha confiado totalmente en Él como su único y suficiente Salvador (Juan 3:16; Hechos 16:31; Efesios 2:8-9).
Así que, con esta definición en mente, ¿puede un cristiano perder la salvación? Quizá la mejor manera de responder a esta importante y crucial pregunta es examinando lo que la Biblia dice que ocurre en la salvación, y entonces estudiar lo que implicaría perder la salvación. Estos son algunos ejemplos:

Un cristiano es una nueva criatura. “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17). Estos versos hablan de una persona que se ha convertido enteramente en una nueva criatura, como resultado de estar “en Cristo.” Para que un cristiano perdiera la salvación, la nueva creación tendría que ser revertida y cancelada.

Un cristiano es redimido. “Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación.” (1 Pedro 1:18-19). La palabra “redimido” se refiere a una compra que ha sido hecha, a un precio que ha sido pagado. Para que un cristiano perdiera la salvación, Dios tendría que revocar Su compra por la que pagó con la preciosa sangre de Cristo.

Un cristiano es justificado. “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.” (Romanos 5:1). “Justificar” significa “declarar justo.” Todos los que reciben a Jesucristo como Salvador son “declarados justos” por Dios. Para que un cristiano perdiera la salvación, Dios tendría que desdecirse de lo dicho en Su Palabra y retractarse de lo que Él declaró previamente.

A un cristiano se le promete la vida eterna. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, más tenga vida eterna.” (Juan 3:16). La vida eterna es una promesa de vida para siempre en el Cielo con Dios. Dios hace esta promesa - “cree, y tendrás vida eterna.” Para que un cristiano perdiera la salvación, la vida eterna tendría que ser retirada. Si a un cristiano se le ha prometido vivir para siempre, ¿cómo entonces puede Dios romper esta promesa, quitándole la vida eterna?

A un cristiano se le garantiza la glorificación. “Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.” (Romanos 8:30). Como lo aprendemos en Romanos 5:1, la justificación es declarada al momento de la fe en Cristo. De acuerdo a Romanos 8:30, la glorificación está garantizada para todos aquellos a quienes Dios justifica. La glorificación se refiere a un cristiano recibiendo un perfecto cuerpo glorificado en el Cielo. Si un cristiano pudiera perder la salvación, entonces Romanos 8:30 sería un error, porque Dios no puede garantizar la glorificación para todos aquellos a quienes Él predestinó, llamó, y justificó.

Podrían compartirse muchas más ilustraciones de lo que ocurre en la salvación. Sin embargo, aún estas pocas hacen abundantemente claro que un cristiano no puede perder la salvación. La mayor parte, sino todo lo que la Biblia dice que ocurre a una persona cuando recibe a Jesucristo como Salvador, sería invalidado si la salvación pudiera perderse. La salvación no puede ser revertida. Un cristiano no puede ser des-creado como nueva criatura. La redención no puede ser deshecha. La vida eterna no puede perderse y seguir considerándose como eterna. Si un cristiano perdiera la salvación, Dios tendría que retractarse de Su Palabra y cambiar de parecer – dos cosas que la Escritura nos dice que Dios jamás hace.

Las objeciones más frecuentes a la creencia de que un cristiano no puede perder la salvación son; (1) ¿qué hay de aquellos que son cristianos y continuamente viven una vida inmoral? – y – (2) ¿qué pasa con aquellos que son cristianos, pero luego rechazan la fe y niegan a Cristo? El problema con estas dos objeciones es la suposición de que “son cristianos” (1) La Biblia declara que un verdadero cristiano ya no continuará viviendo una vida inmoral (1 Juan 3:6). (2) La Biblia declara que alguien que se separa de la fe, demuestra que realmente nunca fue un cristiano (1 Juan 2:19).
No, un cristiano no puede perder la salvación. Nada puede separar a un cristiano del amor de Dios (Romanos 8:38-39). Nada puede arrebatar a un cristiano de la mano de Dios (Juan 10:28-29). Dios quiere y tiene el poder para garantizar y mantener la salvación que Él nos ha dado. Judas 24-25 dice, “Y Aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén.”

viernes, 26 de julio de 2013

LA VIDA ES BREVE

"...¿Qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece"
(Stg_4:14).

El Espíritu Santo, por medio de las Escrituras, recuerda con insistencia al hombre mortal la brevedad de la vida. Empleando repetidamente las comparaciones, el Espíritu del Señor graba en nosotros el pensamiento de que nuestros días son limitados y pasan rápidamente.

Por ejemplo, compara la vida a una lanzadera de tejedor (Job_7:6), precipitada de un lado a otro del telar, moviéndose tan aprisa que los ojos casi no pueden seguirla.
Job habla de la vida como un soplo (Job_7:7) que nunca vuelve. El salmista hace eco del mismo sentimiento cuando habla del "soplo que va y no vuelve" (Sal_78:39).
Bildad le recuerda innecesariamente a Job que: "nuestros días sobre la tierra son como sombra" (Job_8:9), una descripción que se repite en el Sal_102:11 "Mis días son como sombra que se va". Una sombra es efímera, dura un tiempo muy corto.
Job compara su vida a una hoja de árbol (Job_13:25), frágil y marchita, como rastrojo seco, llevada por los vientos. Isaías recurre a la piedad del Señor recordándole que "caímos todos nosotros como la hoja" (Isa_64:6).
David describe sus días como de término corto: "He aquí, tú has hecho mis días muy breves [lit., como palmos]..." (Sal_39:5 BAS). Si viéramos la vida como un camino, ésta tan sólo mediría diez centímetros de largo.

Moisés, el hombre de Dios, pinta la vida como un sueño (Sal_90:5), en el que el tiempo pasa sin ser conscientes de él.

En el mismo lugar, Moisés habla de los hombres y de sus vidas como hierba: "Los arrebatas como con torrente de aguas; son como sueño, como la hierba que crece en la mañana. En la mañana florece y crece; a la tarde es cortada, y se seca" (Sal_90:5-6). Siglos más tarde David empleó la misma figura para describir nuestra vida tan transitoria: "El hombre, como la hierba son sus días; florece como la flor del campo, que pasó el viento por ella, y pereció, y su lugar no la conocerá más" (Sal_103:15-16). Como Spurgeon decía, la hierba es "sembrada, crecida, soplada, cortada, desaparecida". ¡Así es la vida, en pocas palabras!
Por último, Santiago añade su testimonio diciendo que la vida es efímera como la neblina (Stg_4:14). Aparece por un poco de tiempo y luego de desvanece.

Esta acumulación de símiles tiene una doble intención. Primero, debe motivar al inconverso a considerar la brevedad del tiempo y la importancia de estar preparado para encontrarse con Dios. Segundo, debe hacer que los creyentes cuenten de tal modo sus días que traigan sabiduría a su corazón (Sal_90:12). Esto resultará en vidas de devoción y dedicación a Cristo, vidas invertidas para la eternidad.
 
 
 


 





lunes, 22 de julio de 2013

¿ CUANTOS EVANGELIOS HAY ?

No hay otro evangelio

GÁLATAS 1: 6 - 9  Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente.
  No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo.
  Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema.
  Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.

PODEMOS VER POR LA BENDITA PALABRA DE DIOS QUE SOLO HAY UN EVANGELIO DE SALVACIÓN. NO PODEMOS PREDICAR NI ENSEÑAR NADA QUE NO VENGA EN SU EVANGELIO .

Y ASI PODREMOS DECIR COMO EL APOSTOL PABLO CUANDO DIJO :

ROMANOS1:16 Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego.
 
Y YO TE PREGUNTO HERMANO Y HERMANA :

¿ QUIERES SEGUIR EL EVANGELIO DEL SEÑOR O SEGUIR ENSEÑANZAS DE HOMBRES ?

EL SEÑOR LOS BENDIGA .

miércoles, 17 de julio de 2013

JESÚS CALMA LA SED


Juan 4:13 Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed;
Juan 4:14 mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.

¿QUIERE QUE JESÚS TE CALME TU SED ESPIRITUAL ?

VEN A ÉL .

sábado, 13 de julio de 2013

¿Pueden ser las mujeres pastores y ancianos?



En un clima social de completa igualdad en todas las cosas, la enseñanza bíblica de sólo permitir a los hombres ser pastores y ancianos no es muy popular. Muchas organizaciones feministas denuncian esta posición como anticuada y machista. Además, muchas iglesias han adoptado la "política correcta" de los estándares sociales y han permitido mujeres pastores y ancianos en la iglesia. Pero la pregunta permanece: ¿Es esto bíblico?

Mi respuesta a esta pregunta es: "No. Las mujeres no están para ser pastores y ancianos". Puede que a muchos no les guste esta respuesta, pero creo, que es una representación exacta de los estándares bíblicos. Tome su decisión después de leer este artículo.

Primero que todo, las mujeres son poco apreciadas y subutilizadas en la iglesia. Existen muchas mujeres con talento que podrían hacer un mejor trabajo en la predicación y la enseñanza que muchos hombres. Sin embargo, el asunto no es si están muy dotadas, sino se trata del orden y llamado por parte de Dios. ¿Qué dice la Biblia? Nosotros no podemos venir a la Palabra de Dios con nuestros compromisos sociales y hacer que encajen en nuestros deseos. Más bien, debemos cambiar y adaptarnos a lo que la Palabra dice.

En el principio Dios creó los cielos y la tierra, el Huerto del Edén, a Adán y a Eva. Él colocó a Adán en el huerto y le dio autoridad para llamar a todos los animales por su nombre. Después, hizo a Eva como ayuda para Adán.1 Este es un concepto importante debido a que Pablo se refiere al orden de la creación en su Epístola a Timoteo cuando discute la relación entre los hombres y las mujeres en el contexto de la iglesia. Vamos a echar un vistazo.

·      "Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio. 13 Porque Adán fue formado primero, después Eva; 14 y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión." (1ª Ti 2:12-14).

Este pasaje tiene áreas interesantes para discutir, pero nuestro propósito se enfocará en la autoridad. Por lo menos, existe una estructura establecida por Dios. La mujer no está para tener autoridad sobre el hombre en el contexto de la iglesia. Pero esto no se extiende al mundo político/económico. En el Antiguo Testamento, Débora, fue juez sobre los hombres en Israel. También, en el Nuevo Testamento Febe jugó un importante papel en la iglesia en Cencrea (Romanos 16). No hay duda que las mujeres sostuvieron a Pablo en muchas áreas y fueron de gran ayuda en la Iglesia (Hch 2:17; 18:24; 21:8); pero de lo que Pablo está hablando en 1ª Timoteo 2, es de la relación entre los hombres y las mujeres en la estructura de la iglesia, no en un contexto social o político.

Cuando miramos más allá de las enseñanzas de Pablo vemos que el obispo/administrador debe ser marido de una sola mujer (1 Ti 3:2), que gobierne bien su casa y que tenga una buena reputación (1 Ti 3:4-5). Los diáconos deben ser "hombres honestos" (1 Ti 3:8). Después, Pablo les habla a las mujeres en el versículo 11 y la obligación de ellas para recibir instrucciones. En el versículo 12 Pablo dice: "Los diáconos sean maridos de una sola mujer,…" Otra vez en Tito 1:5-7, Pablo dice: "Por esta causa te dejé en Creta, para que corrigieses lo deficiente, y establecieses ancianos en cada ciudad, así como yo te mandé; 6 el que fuere irreprensible, marido de una sola mujer, y tenga hijos creyentes que no estén acusados de disolución ni de rebeldía. 7 Porque es necesario que el obispo sea irreprensible, como administrador de Dios…" Note que Pablo intercambia el uso de la palabra "anciano" y "administrador".

En cada caso, se dan instrucciones para que el anciano, el diácono, el obispo o el administrador sean de sexo masculino. Él es marido de una sola mujer, capaz de "…exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen." (Tit 1:9). No vemos ningún mandamiento para que las mujeres sean administradoras. Al contrario, a las mujeres se les dice que "sean honestas, no calumniadoras, sino sobrias, fieles en todo." (1 Ti 3:11). ¿Por qué será que los hombres solteros están fuera como administradores? Esto se debe al orden creado de Dios al cual Pablo hace referencia (Gn 1-2; 1 Ti 2:12-14). Esta no es simplemente una costumbre social que decayó con el antiguo Israel.

Adicionalmente, en el Antiguo Testamento en las más de 700 veces que se mencionan sacerdotes, cada uno de ellos fue un hombre. No hay ni un sólo ejemplo de una sacerdotisa. Esto es significativo debido a que los sacerdotes fueron ordenados por Dios para llevar a cabo un oficio importante en el ministrar de los sacrificios. Este nunca fue un trabajo para mujeres.

Por lo tanto, por lo que vemos en Génesis 1-2 y 1ª Timoteo 2 y Tito 1, la persona normal y apropiada para sostener el oficio del anciano/pastor es un hombre.

¿Qué hay acerca de Gálatas 3:28?

·      "Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús." (Gá 3:28).

Con frecuencia, éste versículo es usado para sostener la idea de que las mujeres pueden llevar a cabo los oficios de anciano y pastor debido a que no hay hombre ni mujer en Cristo. El argumento declara que si todos somos iguales, entonces, las mujeres pueden ser pastores.

Desafortunadamente, aquellos que usan este versículo de esta manera, han fallado en leer el contexto. El versículo 23 habla acerca de "aquella fe que iba a ser revelada" y cómo hemos sido traídos a Jesús convirtiéndonos en hijos de Dios por la fe. Ya no estamos más bajo la Ley, sino bajo la Gracia y somos "ciertamente linaje de Abraham… y herederos según la promesa." (v. 29)2 El punto de este pasaje es que somos salvos por la gracia de Dios de acuerdo a Su promesa y que no importa quién es Usted: si Judío, Griego, esclavo, libre, hombre o mujer. Todos somos salvos de la misma forma: por gracia. Aquí, no hay ni hombre ni mujer.

Este versículo no está hablando acerca de la estructura de la Iglesia; está hablando acerca de la salvación "en Cristo". Este versículo no puede ser usado para sostener que las mujeres sean pastores ya que no está hablando acerca del tema. Más bien, para encontrar más acerca de la estructura de la Iglesia y del liderazgo se necesita ir a los pasajes que hablan acerca de esto: 1ª Timoteo 2 y Tito 1.

Ser un Pastor o Anciano es Estar en Autoridad

Dios, es un Dios de orden y de equilibrio. Él ha establecido orden dentro de la familia (Gn 3:16; 1 Co 11:3; Ef 5:22-23; Col 3:18-21) y en la Iglesia (1 Ti 2:11-14; 1 Co 11:8-9). Aún dentro de la Trinidad hay un orden, una jerarquía. El Padre mandó al Hijo (Jn 6:38) y tanto el Padre como el Hijo mandaron al Espíritu Santo (Jn 14:26; 15:26), Jesús dijo: "Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió." (Jn 6:38). Es claro que Dios es un Dios de orden y de estructura.

En la creación, Dios hizo primero a Adán y después a Eva como su ayuda. Éste es el orden de la creación. Así lo menciona Pablo en 1ª Timoteo 2:11-14 cuando se refiere a la autoridad. Ser un pastor o un anciano es estar en el lugar de la autoridad; por lo tanto, dentro de la Iglesia, para que una mujer sea un pastor o un anciano, ella estaría en autoridad sobre los hombres en la Iglesia, lo cual está en contravía de lo que Pablo dice en 1ª Timoteo 2:11-14.

¿Pero Esto no Enseña a Menospreciar a las Mujeres?

No. Los líderes masculinos no desprecian a las mujeres. A Jesús se le dio la autoridad de Dios el Padre (Mt 28:18). Él fue enviado por Dios (Jn 6:38). Él dijo que el Padre era mayor que Él (Jn 14:28). ¿Se sintió Jesús menospreciado por esto? Claro que no. Las mujeres son de gran valor dentro de la Iglesia y necesitan ser usadas más y más de acuerdo a los dones que se les han dado.

¿Significa que la sumisión de la esposa al marido es que ella es menos que el esposo, menos importante o menospreciada? Una vez más: absolutamente no. El hecho de que no tenga un lugar de liderazgo en la Iglesia no significa que una mujer es menos que una persona, menos importante o inferior para Dios. Todos son iguales delante de Dios ya sean Judíos, Gentiles, libres, esclavos, hombres o mujeres. Pero en la iglesia, Dios ha establecido un orden de la misma forma como lo ha hecho en la familia. La cadena de comando es Jesús, el hombre, la esposa y los hijos.

¿Qué Hay Acerca de las Mujeres Que Dicen Que Son Llamadas Para Ser Pastores?

En el mundo, existen mujeres pastores que aman a sus congregaciones las cuales han afirmado que son llamadas por Dios para ser pastores. Claro está, que yo no puedo estar de acuerdo con esto considerando el análisis de la posición bíblica. Más bien, yo creo que estas mujeres han usurpado la posición de los hombres e ido en contra de la norma de la revelación escritural. Adicionalmente, aquellas que afirman que son llamadas por Dios debido al gran trabajo que están llevando a cabo y los talentos que han recibido, están basando la teología de ellas en la experiencia más no en la Escritura.

El tema es simple: ¿Se están sometiendo a la Palabra de Dios o están haciendo que la Palabra de Dios se someta a sus deseos y/o emociones?

¿Qué Pasa con una Mujer Misionera la Cual Establece una Iglesia?

Una vez más, la Escritura es la que establece la norma. Como Cristianos aplicamos lo que aprendemos de la Palabra, a las situaciones que tenemos a mano. Entonces, ¿qué sucede en una situación donde una misionera ha convertido a un grupo de personas, digamos, en algún lugar de la selva y ella ha establecido una iglesia? En esa iglesia, ella se encuentra cumpliendo las funciones de pastor y de maestro con autoridad sobre los hombres en la iglesia. ¿Debería hacer esto?

En primer lugar, ella no debería estar ahí sola. Debería estar con el esposo de ella, o por lo menos bajo la supervisión de un cuerpo de la Iglesia con la presencia de otras mujeres y hombres. La obra misionera no es un esfuerzo solitario para ser manejado por una mujer soltera.

Segundo, si en algún caso de circunstancias inusuales hay una mujer solitaria, es más importante que la Palabra de Dios sea predicada y el Evangelio de Salvación siga adelante hacia el perdido que no tener nada. Si es mujer u hombre, permitamos que el evangelio sea predicado. Sin embargo, diría que tan pronto como existan hombres lo suficientemente maduros para que tengan el liderazgo, ella entonces, deberá establecer el orden correcto en la Iglesia como está revelado en la Escritura y de esta manera, demostrar sumisión a la Palabra.

¿Esto también significa que las mujeres no deberían usar joyas?

"Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, 10 sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad. 11 La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. 12 Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio. 13 Porque Adán fue formado primero, después Eva;” (1 Ti 2:9-13).

Algunos argumentan que si a las mujeres se les prohíbe ser ancianos, entonces el contexto de 1ª Timoteo 2:9-13 demanda que le pidamos a las mujeres que no tengan peinados ostentosos, usen oro o tengan vestidos costosos. Debido a que nadie quiere colocar esa clase de demanda en una mujer—ya que esto es cultural—entonces, ¿por qué tenemos también que exigir que no sean ancianos ya que esto seguiría en forma lógica una amonestación basados en la cultura?

Aquí, el problema es multifacético. Primero, la objeción ignora que las Escrituras enseñan simple y llanamente que el anciano debe ser marido de una sola mujer. Segundo, éste también falla en dirigir el tema real de la jefatura bíblica la cual reside en el hombre. Tercero, falla también en el uso correcto de la exégesis de la Biblia en cuestión.

En 1ª Timoteo 2:9-13, Pablo dice que las mujeres deben vestir modestamente. Él usa el ejemplo de aquel tiempo para explicar la forma como no deberían usarse los adornos: definitivamente una valoración por parte de Pablo, basada en la cultura. Note que Pablo enfatiza en las buenas obras y la piedad como un calificador (de la misma forma como lo hace Pedro. Ver 1ª Pedro 3:2). Esta no es una declaración doctrinal atada a algo diferente que la de ser una mujer piadosa tanto en apariencia como en actitud.

En el versículo 12, Pablo dice "Porque no permito a la mujer enseñar,… sino estar en silencio". Note por favor que "La palabra 'heµsychia', traducida en 'silencio' en éste versículo no significa completo silencio o no hablar. Es claro que es utilizada en otros lugares como en Hechos 22:2; 2ª Tesalonicenses 3:12 y se traduce como 'calmado, tranquilo, no indisciplinado/no rebelde'. Una palabra diferente como 'sigaoµ' significa 'estar en silencio, no decir nada' (Compárese Lucas 18:39; 1ª Corintios 14:34)."3 En este versículo, Pablo está defendiendo el orden.

Después en los versículos 12 y 13, Pablo dice: "Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio. 13 Porque Adán fue formado primero, después Eva;" Note que Pablo trata directamente el tema de la autoridad con el orden creado. Él no hace esto con el código del vestir en la mujer. Por lo tanto, este código puede ser visto como cultural y el tema de la autoridad como doctrinal ya que están separados por la conjunción "pero" la cual está mostrando contraste. Por ejemplo: Aquí tenemos esto, pero de otro lado, está aquello.

Conclusión

La Palabra de Dios claramente nos enseña que el anciano debe ser marido de una sola mujer. Una mujer no puede calificar para esta posición por su naturaleza de mujer. Si a alguien le gusta o no esto, es irrelevante debido al hecho de que esto es lo que la Biblia enseña.