LA BIBLIA

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sábado, 21 de diciembre de 2013

DEVOCIONAL DIARIO


“Este mes os será principio de los meses; para vosotros será éste el primero en los meses del año”.
Exo_12:2

Los propósitos del nuevo año son buenos pero frágiles, esto es, se rompen fácilmente. Las oraciones de Año Nuevo son mejores; ascienden al trono de Dios y ponen en movimiento las ruedas de la respuesta. Cuando llegamos al comienzo de otro año, haremos bien en apropiarnos de las siguientes peticiones: 
Señor Jesús, este día me consagro a ti una vez más. Deseo que tomes mi vida este año que empieza y que la emplees para Tu Gloria. “Que mi vida entera esté consagrada a ti, Señor”. 
Te pido que me guardes del pecado, de cualquier cosa que deshonre Tu Nombre.
Hazme dócil por el Espíritu Santo. Quiero avanzar hacia ti. No permitas que quede atrapado en un bache a la mitad del camino.
Sea mi lema este año: “Es necesario que él crezca, y que yo mengüe”. Toda la gloria sea para Ti, y ayúdame a no tocarla.
Enséñame a hacer de cada decisión un asunto de oración. Me aterroriza la idea de apoyarme en mi propia prudencia. “Conozco, oh Jehová, que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos” (Jer_10:23).
Muera yo al mundo y aun a la aprobación o descrédito de los que amo o de mis amigos. Dame el deseo único y puro de hacer las cosas que agradan a Tu corazón.
Guárdame de murmurar y criticar a los demás. Más bien ayúdame a hablar lo que es edificante y provechoso. 
Guíame a las almas necesitadas. Sea yo amigo de los pecadores, así como Tú eres. Dame lágrimas de compasión por los que perecen. “Miraré a la multitud como mi Salvador la vio, hasta que mis ojos de lágrimas se llenen. Contemplaré a las ovejas errantes con dolor, y por amor a él, las amaré”. 
Señor Jesús no permitas que me vuelva frío, amargado o cínico a pesar de todo lo que pueda pasarme en la vida cristiana.
Guíame en la administración de mi dinero. Ayúdame a ser buen administrador de todo aquello que me has confiado.
Ayúdame a recordar momento a momento que mi cuerpo es templo del Espíritu Santo, y que esta tremenda verdad influya toda mi conducta.
Y, Señor Jesús, pido que éste sea el año de Tu retorno. Ansío ver Tu rostro y caer a Tus pies en adoración. Durante el año que empieza, que la esperanza bendita se mantenga fresca en mi corazón, librándome de todo lo que pudiera detenerme aquí, y guárdame en la cúspide de la esperanza. “¡Ven, Señor Jesús!

viernes, 20 de diciembre de 2013

EL AMOR DE DIOS




“Dios es amor”
(1Jn_4:8).
Con Su venida al mundo, Jesucristo añadió una nueva palabra al lenguaje griego: ágape, “amor”. éste ya contaba con un vocablo para amistad (philia) y otro para el amor apasionado (eros), pero faltaba una palabra que expresara la clase de amor que Dios mostró cuando nos dio a Su Único Hijo. éste es el amor que desea que nos mostremos los unos a los otros.
Ágape es otra clase de amor que nadie en el mundo conocía, un amor con nuevas dimensiones. El amor de Dios no tuvo principio y nunca tendrá fin. Es un amor sin límite que jamás podrá medirse. Es absolutamente puro y libre de toda mancha de sensualidad. Es sacrificado, nunca cuenta el costo y se manifiesta dando, pues leemos: “De tal manera amó Dios al mundo que dio...” y “Cristo de tal manera nos amó, que se ha dado a sí mismo por nosotros...” El amor busca incesantemente el bienestar de los demás. Busca a los desagradables y antipáticos como a los agradables y atractivos. Se dirige a amigos y enemigos. No se da porque encuentra a sus objetos dignos o virtuosos, sino sólo porque Aquél que lo concede es bondadoso. El amor es desinteresado, nunca espera nada a cambio y jamás explota a los demás en beneficio propio. No repara en los errores, las ofensas o improperios, mas los cubre con un velo bondadoso. El amor devuelve con benevolencia la descortesía, y ora por aquellos que serían sus asesinos. El amor siempre piensa en los demás, considerándoles mejores.
Pero el amor también es firme. Dios castiga a los que ama. El amor no puede soportar ni consentir el pecado, porque es dañino y destructivo, y el amor desea proteger a sus objetos de daño y destrucción. 
La manifestación más grande del amor de Dios fue habernos dado a Su Hijo Amado para que muriera por nosotros en la Cruz del Calvario.
¿Quién Tu amor, oh Dios, puede medir, 
Que aplastó por nosotros su Tesoro,
A él en quien tú te complacías,
A Cristo, el hijo de tu amor?
(Allaben)


martes, 3 de diciembre de 2013

LOS BENEFICIOS DEL SEÑOR

“Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios ...sana todas tus dolencias”
(Sal_103:2-3b).

Uno de los nombres compuestos de Dios en el Antiguo Testamento es Jehová-Rafa, que significa “Yo soy Jehová tu sanador” (Exo_15:26b). Nos sana de toda clase de enfermedades y finalmente nos librará para siempre de toda enfermedad.
Algunas veces nos sana por medio de los tremendos poderes de recuperación con los que ha dotado a nuestros cuerpos. ésta es la razón por la que los doctores dicen con frecuencia: “Casi todo va mejor por la mañana”. A veces nos sana por medio de la medicina y la cirugía. Dubois, el famoso médico francés, decía: “El cirujano venda la herida; Dios la sana”. Otras veces nos sana milagrosamente. Lo sabemos porque así lo afirman los Evangelios y por la experiencia personal.
Sin embargo, no es siempre la voluntad de Dios que sanemos. Si así fuera, algunos jamás envejecerían ni morirían. Pero tarde o temprano todos moriremos, hasta que el Señor venga. Dios no quitó la aflicción física de Pablo pero le dio gracia para soportarla (2Co_12:7-10).
En un sentido general, todas las enfermedades son resultado del pecado. En otras palabras, si nunca se hubiera cometido ningún pecado, no habría ninguna enfermedad. En ocasiones la enfermedad es resultado directo del pecado en la vida de una persona. Por ejemplo, el alcoholismo en ocasiones provoca enfermedades en el hígado, fumar a veces produce cáncer, la inmoralidad sexual a menudo causa enfermedades venéreas y la preocupación hace que salgan úlceras. Pero no todas las enfermedades son resultado directo del pecado. Satanás le provocó a Job serias enfermedades (Job_2:7) y no obstante, Job era el hombre más justo de la tierra (Job_1:8; Job_2:3). Hizo que una mujer desconocida fuera afligida con encorvamiento de la columna vertebral por muchos años (Luc_13:11-17), e hizo surgir un aguijón en la carne de Pablo (2Co_12:7). En Jua_9:2-3, el pecado pudo no haber sido la causa de que aquel hombre naciera ciego. Epafrodito estaba gravemente enfermo pero no a causa del pecado, sino a causa de su servicio incansable para el Señor (Flp_2:30). Gayo estaba espiritualmente sano pero físicamente indispuesto (3Jn_1:2).
Por último, el hecho de no ser sanado no indica necesariamente falta de fe. Solamente cuando Dios nos ha dado una promesa específica de que nos sanará, puede la fe reclamar esa sanidad. De otra manera, debemos encomendarnos a nuestro Señor vivo y amante y orar que se haga Su voluntad.